Señor Director:
En América Latina y el Caribe, el 11,6% de la producción alimentaria se pierde entre la poscosecha y los mercados mayoristas, antes siquiera de llegar a un comercio o a una mesa. A escala global, el valor de los alimentos que se pierden o desperdician cada año equivale a un billón de dólares. Al mismo tiempo, 32 millones de personas pasan hambre en nuestra región.
Entre el lugar donde se produce un alimento y el lugar donde se consume hay distancia y tiempo. El procesamiento y el envase son, precisamente, lo que permite recorrer esa distancia y atravesar ese tiempo: conservan, protegen, extienden la vida útil y mantienen la inocuidad hasta el final del trayecto. Son aliados de la disponibilidad de alimentos, y por eso también lo son de la agenda ambiental: cada alimento que llega es agua, energía y trabajo que no se desperdiciaron.
La próxima semana, la industria de alimentos y bebidas de la región se reúne en Santiago. Llevamos este tema a la mesa con una convicción: la sostenibilidad no obliga a elegir entre cuidar el planeta y cuidar los alimentos. Exige políticas que resuelvan las dos cosas a la vez, y un sector dispuesto a poner capacidades donde más se necesitan.
Camilo Montes
Presidente de la Alianza Latinoamericana de Asociaciones de la Industria de Alimentos y Bebidas (ALAIAB)





































