Reportaje | El impacto de las “múltiples punciones” en pacientes (problema poco visibilizado)

Especialistas advierten que el cuidado de las venas de los pacientes —un recurso limitado— puede marcar la diferencia en la seguridad clínica, reduciendo riesgos y costos, y mejorando la satisfacción del paciente.

Cada punción venosa necesaria para administrar medicamentos, realizar transfusiones o tratamientos como diálisis y quimioterapia puede ir deteriorando progresivamente las venas de los pacientes. Aunque es una práctica habitual en la atención de salud, sus efectos acumulativos han comenzado a generar preocupación entre especialistas.

La magnitud del problema es significativa. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cerca del 70% de los pacientes hospitalizados requiere en algún momento un acceso vascular periférico y se estima que la falla del catéter ocurre en aproximadamente la mitad de los casos: entre el 43 % y el 59 % (Pittiruti et al., 2023)

Sin embargo, lograr una inserción exitosa no siempre es sencillo. Estudios internacionales muestran que el primer intento tiene éxito en cerca del 73% de los casos, mientras que un 15% requiere un segundo intento y un 9% tres o más intentos.

En Chile, un estudio en un hospital público reportó una prevalencia de uso de catéter venoso periférico de 51,4% en pacientes hospitalizados, con variaciones según el tipo de servicio.

El problema no es menor. Las venas son un recurso limitado, cuya recuperación puede ser lenta, especialmente en pacientes con enfermedades crónicas o largas hospitalizaciones. En estos casos, el acceso venoso se vuelve cada vez más complejo, afectando directamente la continuidad y calidad de los tratamientos. 

“En los casos más complejos, como los pacientes clasificados como DIVA (Difficult Intravenous Access), el desafío es aún mayor, ya que presentan un acceso venoso difícil, lo que complica la canalización desde el primer intento”, explica Jael Vera, especialista de producto de LBF Insumos Médicos.

Las consecuencias de una gestión inadecuada pueden ser significativas: desde complicaciones como infecciones o flebitis, hasta dolor, ansiedad en los pacientes y retrasos en la administración de terapias. A esto se suma un mayor uso de recursos clínicos, lo que impacta directamente en los costos del sistema de salud.

Frente a este escenario, especialistas están impulsando un cambio de enfoque en la práctica clínica: pasar de una lógica centrada en el procedimiento a una mirada más estratégica sobre el cuidado de las venas. Este concepto, conocido en el ámbito clínico como “gestión del capital vascular”, propone proteger este recurso durante todo el proceso de atención.

Un cambio que avanza en Chile

En Chile, esta mirada ha ido ganando terreno de forma progresiva, impulsada por programas de formación y la adopción de estándares internacionales basados en evidencia. Iniciativas como las guías de buenas prácticas de RNAO (Registered Nurses’ Association of Ontario) y el trabajo de organizaciones como la Sociedad Chilena de Terapia Intravenosa (SOCHITEN) han contribuido a instalar este enfoque en distintos centros de salud.

Sin embargo, el nivel de adopción de esta perspectiva es desigual en el país. Existen centros de salud que ya han incorporado una variedad más amplia de dispositivos y han impulsado la creación de Equipos de Acceso Vascular, conformados por profesionales especializados; no obstante, otros aún se encuentran en una etapa en la que la decisión clínica sobre qué acceso vascular utilizar depende más de la disponibilidad de insumos en el establecimiento que de una evaluación centrada en las necesidades y el beneficio terapéutico del paciente.

La falta de enfermeras y enfermeros especialistas en esta materia también ha sido una dificultad adicional, que LBF ha detectado. En ese contexto, la compañía de insumos médicos ha planteado la necesidad de avanzar hacia un enfoque más integral, que combine tecnología, formación y toma de decisiones clínicas informadas.

“Nuestra propuesta es acompañar a las instituciones de salud como un partner clínico. No se trata solo de utilizar un dispositivo, sino de fortalecer las capacidades de los equipos y promover decisiones basadas en evidencia para una mejor gestión del acceso vascular”, señala Jael Vera, enfermera especialista en acceso vascular.

La especialista agrega que este cambio no solo impacta en la seguridad del paciente, sino también en la eficiencia del sistema. “Hoy existe mayor conciencia sobre este tema, pero todavía hay espacio para seguir avanzando en su implementación a nivel clínico”, concluye.

El tema también estuvo presente en instancias de actualización profesional, como el Seminario Internacional de Accesos Vasculares que se realizó en la Universidad de Los Andes el 20 y 21 de abril, donde expertos abordaron los principales avances y desafíos en esta materia, donde LBF estuvo presente.

 

Fuentes:

Pittiruti, M., Van Boxtel, T., Scoppettuolo, G., Carr, P., Konstantinou, E., Ortiz Miluy, G., … & WoCoVA Working Group. (2021). European recommendations on the proper indication and use of peripheral venous access devices (the ERPIUP consensus): A WoCoVA project. Journal of Vascular Access, 22(Suppl 1), S1–S31. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/34088239/ 

https://www.who.int/es/news/item/09-05-2024-new-guidance-aims-to-reduce-bloodstream-infections-from-catheter-use

Sweeny et al. (citado en Verdezoto Torres et al.,2025). https://ciencialatina.org/index.php/cienciala/article/download/16863/24214/

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Equipo Prensa
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